Tras 15 días de descanso y desde mi última aparición estelar por estos lugares, vuelvo para proponeros un tema que debería ser el centro de atención de muchos padres y entrenadores a la hora de encarar la formación de un joven deportista.Y es tan sencillo como crear un binomio perfeceto entre padres y entrenador para sacarle el máximo provecho a éste futuro deportista.
La semana pasada, los días 10 y 12, en la sala de prensa de la instalación Príncipes de Asturias, se celebró un curso sobre los "entrenadores y padres en el exito del deportista" impartido magistralmente por Pilar Jerez Villanueva, Coordinadora del Departamento de Psicología del Fútbol Base del Club Atlético de Madrid SAD y subvencionado a su vez por la Concejalía de Deportes del Ayto. de Pinto, al cual asistí, tanto como entrenador como padre. En él se abordaron temas como: el rol de los padres, el rol del entrenador, el papel del entrenador con los padres, la comunicación y el triángulo deportivo: entrenador-deportista-padres entre otros y se nos dió unas recomendaciones a seguir para sacarle el mayor beneficio posible hacia el desarrollo de los jugadores/hijos. Tengo que lamentar, antes de proseguir, el poco número de padres/madres que allí se citaron a los que, seguro, les hubiera interesado sobremanera esta ponencia.
Unos de los puntos que considero muy valioso fue el de la comunicación padre-jugador, jugador-entrenador y entrenador-padre, ya que, como he dicho antes, para sacarle el mayor beneficio para su futuro desarrollo como deportista y como persona, la comunicación es vital entre ambas partes, primero para el buen desarrollo socio-deportivo del chaval y segundo para la buena resolución de conflictos que puedan haber entre todas las partes implicadas. Tanto los padres como los entrenadores tenemos que tener claro una cosa: el principal beneficiado/perjudicado es el joven deportista y el protagonista es él y no nosotros dejando de lado las frustraciones de unos y el ascenso en su carrera de los otros, porque eso si, nos vamos a encontrar siempre al entrenador que está de paso y su principal objetivo es la de ganar a toda costa (vease el capítulo "objetivo ganar; objetivo formar) para ascender y llegar pronto a la "élite" en esto del fútbol; y al padre que enfoca todas sus frustraciones en el hijo para hacer todo lo que él nunca pudo hacer. Aquí se suscita un conflicto: el fútbol, por desgracia o por suerte, es el deporte nacional, el que más seguidores mueve, el que más federados tiene y el que más dinero maneja. Y al ser tan popular todos "sabemos" de este deporte y nos creemos el mejor entrenador del mundo: ni los entrenadores sabemos tanto y ni los padres saben la biblia en verso. Pero, eso si, hay una cosa que nos diferencia: la formación.
Volviendo al tema de la comunicación, considero que entre padres y entrandores no sólo tiene que haber un trato de cordialidad, sino algo más, porque entre todos tenemos que saber formar y educar al jugador que uno pone en manos del otro, y colaborar tanto en su desarrollo deportivo como en su desarrollo socio-cultural. Y el entrenador que se crea que su labor es solo deportiva, que se lo haga mirar por un especialista, ya que, un joven futbolista ve en él, un modelo a seguir, igual que el padre/madre, y sus actos pueden beneficiar o perjudicar al jugador en su formación deportivo-social. Y para afianzar una buena base en la relación del binomio padre-entrenador, debemos establecer dos puntos principales: la confianza y el respeto mutuo. El entrenador, asi como los padres, deben tener confianza uno en el otro: el uno, porque en parte, delega su educación deportivo-social a una persona cualificada; y el otro debe demostrar saber aplicar unos conocimientos adquiridos en beneficio del desarrollo del joven jugador. Porque, pongamos un ejemplo: Un padre decide que su hijo juegue en el equipo del barrio y de cara al entrenador todo son buenas formas y buenos gestos, pero a su espalda todo son críticas e insultos, pero aun así este padre persiste en que su hijo juegue en ese equipo. Después de un entrenamiento, el chaval llega a casa cabreado porque, según él, el entrenador le tiene marginado. Este padre, ni corto ni perezoso, pone el grito en el cielo argumentando que el entrenador ha dejado "de la mano de Dios" la preparación de su hijo y que por lo tanto, "ni es entrenador, ni es nada", sin haber contrastado la información que su hijo le aportó en casa. El conflicto deriba de la falta de confianza que el padre tiene hacia el entrenador y eso desemboca en la nula comunicación que hay entre ambas partes, por no mencionar la falta de respeto hacia el entrenador y hacia su trabajo.
En esta ponencia tambien se trató el tema del rol del entrenador y el rol del padre. Citando a PilarJerez, los padres deben motivar y conseguir que su hijo disfrute del deporte que practica; debe ser un modelo de comportamiento y control emocional; debe ser buen comunicador; debe colaborar y confiar en la labor del entrenador; debe aceptar las limitaciones de su hijo, los trinfos y fracasos; debe disfrutar de la actividad que realiza su hijo; debe dedicarle tiempo al chaval y debe favorecer la deportividad. Por su parte, el entenador debe buscar unos objetivos beneficiosos como: Motivar, aplicando sesiones de entrenamiento estimulantes y amenas; debe ser un modelo de comportamiento y control emocional; debe ser buen comunicador para establecer un buen clima con padres y deportistas; deber ser buen educador y formador; debe ser el referente, lider, la persona a seguir, en la que confiar; detectar talentos deportivos; Planificar y trabajor con objetivos; fomentar hábitos saludables; colaborar con los padres.
Como antes comenté, la lástima de este curso/ponencia fueron dos cosas: las poca asistencia de padres, que aunque fueron algunos, considero que fueron pocos y que tuvo una duración escasa debido a la gran importancia que tiene este aspecto en el futuro del joven deportista.
Que asi sea.
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